El Mate

Cómo hacer un buen mate y otros datos interesantes.

el agua no moja toda la yerbaEl mate, bebida argentina

Ingredientes:

  • Yerba mate (hojas del árbol Ilex Paraguanensis)
  • Endulzante a gusto, como azúcar, miel, edulcorante, stevia.
  • Mate (pequeño recipiente como taza, hecho de los más variados materiales, como calabazas, troncos o cuernos ahuecados)
  • Bombilla de metal (sorbete de metal)
  • Agua potable o filtrada c/n
Arbol que produce la yerba mate: Ilex Paraguanensis
Arbol que produce la yerba mate: Ilex Paraguanensis

 

Preparación (a la preparación del mate se llama “cebar” mate):

Llenar el mate con yerba mate hasta ¾ del mismo. Tapar el mate con la palma de la mano, agitarlo y sin quitar la mano, voltearlo, con la finalidad de que todo el polvillo de la yerba quede adherido a la palma. Colocar el mate nuevamente con la boca hacia arriba, destapándolo, y ubicando la yerba para que quede en forma oblicua dentro del mate. En el espacio que queda libre del mate, verter agua caliente hasta casi llegar al borde, a no más de 85º C, cuidando de humedecer lo menos posible la yerba. En el mismo espacio que se coloca el agua, agregar una cucharadita de azúcar, si se desea dulce. Esperar un momento hasta que se humedezca la yerba y se hinche e insertar  la  bombilla; entonces completar nuevamente el huequito con más agua. Servir. El mate se toma sorbiéndolo por la bombilla; cuando no tiene más agua, se devuelve a quien lo preparó, para que lo llene nuevamente con más agua, y lo sirva a otro comensal. Cuando, luego de agregarle agua y servirlo varias veces, pierda el sabor (que se llama “mate lavado”), se procede a vaciar el mate quitándole parcial o totalmente la yerba, y llenándolo nuevamente como se explicó más arriba.

preparar mate paso a paso

El mate constituía, antiguamente, un lenguaje elaborado, que usaban las doncellas para transmitir mensajes sin palabras a su enamorado, muy usado en el siglo pasado:

Mate amargo: indiferencia.
Mate dulce: amistad.
Mate con café: estuve enojada pero te perdono.
Mate con miel: casamiento.
Mate con cedrón: acepto.
Mate muy caliente: yo también estoy ardiendo de amor.
Mate frío: desprecio.
Mate hirviendo: odio.
Mate largo: visita poco grata.
Mate corto: quiero verte más seguido.

Tereré: versión de mate con agua fría, que hacen en las provincias del Litoral; inclusive, le agregan hielo.

Tereré
Tereré

 

Esta infusión es más nutritiva que el té verde, siendo una bebida no sólo estimulante sino rica en nutrientes. La yerba mate es rica en vitaminas como la A, C, E, y  vitaminas del complejo B. Entre los minerales que contienen se encuentran el calcio, el hierro, manganeso, potasio, magnesio, fósforo y zinc.Además, es rica en compuestos antioxidantes, como polifenoles, taninos y flavonoles, y aporta 15 aminoácidos.

Es estimulante, antioxidante, diurética, mejora el rendimiento físico e intelectual.  Por esta razón, en ningún hogar argentino, por pobre que sea, falta esta infusión, que muchas veces –junto con pan- es el único sustento de los más pobres, dada su propiedad saciante y energizante.

Mates famosos:

Los Mates Famosos, están en mi álbum: Mates famosos argentinos

El Cardenal Bergoglio (hoy Papa Francisco I) tomando mate

Elogio del mate

(vale la pena leerlo hasta el final: te lleva tres minutos con 20 segundos)

Pregunta un mexicano: ¿Qué es eso que consumen los argentinos como pasto mojado en un bol? He visto ya varios que lo hacen y no me he atrevido a preguntar. No se si será una droga pero lo hacen a la vista de todos. Chupan el pasto mojado con un palillo de metal agujereado.
Y un argentino le responde:
En este país nadie toma mate porque tenga sed. Es más bien una costumbre, como rascarse.
El mate provoca exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien
y te hace pensar cuando estás solo.
Cuando llega alguien a tu casa, la primera frase es “hola” y la segunda “¿unos mates?”.
Esto pasa en todos los hogares, ya sean ricos o pobres.
Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian.
Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.
Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar.
En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.
Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide.
Se lo das tibiecito, con mucha azúcar y se sienten grandes.
Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate.
Se te sale el corazón del cuerpo.
Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré,
con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón…
Cuando conocés a alguien, lo invitás a compartir unos mates.
La gente pregunta, cuando no hay confianza: “¿dulce o amargo?”. El otro responde: “como tomes vos”.
Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba.
La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas.
Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da. La yerba no se le niega a nadie.
Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular. Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, SOLOS. No es casualidad. No es porque sí.
El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma. O está muerto de miedo, o está muerto de amor, o algo: pero no es un día cualquiera.
Ninguno de nosotros nos acordamos del día en que tomamos por primera vez unos mates solos. Pero debe haber sido un día importante para cada uno. Por adentro hay revoluciones.
El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores…
Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. La charla, no el mate.
Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y viceversa.
Es la sinceridad para decir: “¡basta, cambiá la yerba!”.
Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.
Es el cariño para preguntar, estúpidamente, “¿está caliente, no?”.
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir “gracias”, al menos una vez al día.
Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.
Ahora vos sabés: un mate no es sólo un mate…”
Marcelo Gallo

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